Un poema rescatado, escrito por el neorrealista Álvaro Feijó en 1940, la trae de vuelta a los días en que la imitan. Poco a poco instalándose en los corazones de los hombres y mujeres que se convierten en rehenes de su gracia, no se está revelando toda su naturaleza, al mismo tiempo que ella pronuncia su nombre sin piedad.