Esta película es una representación poética de la evolución y la devolución, el envejecimiento pero también de la regeneración constante de la esfera de una ciudad anónima. Su único compañero y apoyo es la música, que extrae sus estructuras rítmicas de los edificios circundantes y cadencias arquitectónicos. Se hace visible por la magia de la dinámica de la coexistencia de piedra, hormigón, madera y metal; la película da vida a la materia estática por medio de Hyperlapse. Es el realismo mágico en su forma más natural.