En los Pirineos Orientales, Jacqueline, 85, camina de nuevo en los caminos que conducen al pico de Canigó. A través de este vagar solitario, ella observa, revive y recuerda. En su cuerpo aparecen las imágenes del pasado, una época en la que la ascensión del pico era una tradición familiar. Ella es el testimonio de una memoria.