Aún con 95 años, todos los días a las 10 de la mañana, Juan Mariné entra en la Escuela de Cine y se dirige a su laboratorio ubicado en el subsuelo. El submariné. Pieza a pieza va perfeccionando su colosal máquina cuyo único objetivo es devolverles el esplendor del estreno a los dañados celuloides.
