Freddy es cocinero de restaurante. En su momento de descanso, mata una mosca. La pequeña hija de su jefe se entristece al ver la brutal acción. A partir de ahí, cae en la trampa de su propio razonamiento. “No es malo matar una asquerosa mosca. Matas y punto. Es más, ¿quién no ha matado una mosca?” Entonces Freddy recorre con paciencia y sin terror, por los más dificultosos pensamientos, como un acto de diagnosticar las más humildes de nuestras violencias.