En una pequeña isla coronada por acantilados, hay una sola casa frente al mar. A pesar de los grandes desarrollos en la aviación moderna, este inventor está obsesionado con lograr su sueño más querido: volar sin usar nada más que sus brazos. Para él, solo un alma pura, ligera e inocente es capaz de tal hazaña. Joseph de 8 años parece ser el candidato perfecto.